domingo, 9 de abril de 2017

LAS HERMANAS GEMELAS




Conocía a estas hermanas de toda la vida. 
Si bien eran dos gotas de agua en lo físico, sus personalidades eran bien distintas.
La una sumisa casi tímida y hasta a veces perezosa, parecía estar siempre a las órdenes de la otra que siempre tomaba la iniciativa.
A simple vista parecía ser vanidosa, por todos los anillos que le gustaba usar, así como algo cómoda y laxa, ya que derivaba la mayoría de las obligaciones en su otra hermana, que parecía abarcar todo sin problema alguno. 
Opuestamente, la otra era bien emprendedora. No le asustaba el trabajo duro. Incansable, gustaba de ser la protagonista de todo evento, empujando a su hermana tímida a la par, aunque esta no la siguiera de manera estelar. 
Un día la hermana emprendedora y activa, se enfermó gravemente; volviéndose inerte, revolcándose en un inesperado dolor.
Poco a poco la otra hermana comenzó a hacerse cargo de todas las tareas habituales que la hermana, otrora posesiva y brillante, no podía ocuparse por su condición de enferma.
Le costó mucho al principio habituarse a tanto trabajo, no estaba acostumbrada y las cosas no le salían muy bien, pero por amor y viendo a su hermana tan enferma supero obstáculos y trato de cumplir a como diera lugar con todas las obligaciones a las que debía enfrentarse, tratando de salir lo más airosamente posible de cada situación.
En las horas de descanso se acercaba a su hermana enferma, abatida ante aquel sufrimiento la acariciaba compasivamente, susurrándole palabras de aliento.
Poco a poco y con esmerado cuidado y descanso la hermana enferma fue sanando progresivamente, hasta curarse y volver a sus tareas cotidianas.

Estas hermanas que tanto conozco son Bendita derecha y Divina izquierda mis únicas y amadas manos. 

domingo, 29 de marzo de 2015

SORPRESA INESPERADA

Era la mañana  de un soleado sábado de abril. Todo estaba casi listo para la boda de Marina y Santiago a celebrarse aquella misma  noche.
Federico, el papá de Marina, daba todo por complacer a su única hija.
Desde niña, aquella muchachita fue la luz de sus ojos.  ¿Qué muñeca, o  juguete  que ella quería, no se la regalaba? aunque aun  faltaran varios meses para su cumpleaños.
Clases de ballet, patinaje sobre hielo, esgrima y equitación fueron habituales a lo largo de su infancia, así como una esmerada educación en un prestigioso colegio privado, aunque fuera un esfuerzo mantener las mensualidades en el club, o comprar los equipos que la chica necesitaba, siendo que Federico era un simple empleado bancario.
Cualquier esfuerzo  valía la pena con tal  de mantener a Marina contenta y entusiasmada.
Ir al circo o a la calesita, ver la ultima película de Disney, visitar el parque de diversiones o ir a comer al centro, entre otras cosas, eran actividades  que Federico disfrutaba con su hija al menos un  fin de semana al mes.
También gustaban de rentar videos y comer palomitas hasta tarde en la noche, una vez ya dormida, la alzaba y la llevaba  en brazos a la cama, luego la arropaba , y le daba un beso quitándole un mechón del flequillo de la cara.  Esa era la felicidad completa para aquel hombre sencillo.
Un beso pegajoso de caramelos y una sonrisa cómplice de aquella niña era la única  remuneración  que Federico pretendía a cambio de tantos gustos y caprichos.
Disfrutaba tanto mirarla  jugar en el patio con sus amiguitas a las hadas y princesas, tomando el té entre vestidos de tul rosa, sombreros de fantasía y los zapatos de tacones prestados del ropero de la mamá.
La adolescencia,  continuo luego de la niñez así como el verano continua luego de la primavera.
Como a todas las chicas de su edad era la  ropa, zapatos, CD y maquillaje  lo que a Marina más le gustaba y allí estaba el padre para complacer todos sus caprichos,  acompañándola a ella y sus amigas al centro comercial donde  las esperaba por horas mientras el tomaba café y leía el diario .
- La malcrías mucho-  decía la mamá.
-Ya sé, ya sé.- contestaba Federico, pensando en que  nueva sorpresa le daría a su hija.
 Marina, muy buena chica, como por costumbre y sin mucho esfuerzo lo terminaba comprando con un beso, y a pesar de ser tan mimada nunca fue majadera ni  presumida.
 En la escuela no salió abanderada pero sus calificaciones siempre fueron buenas, en parte gracias a Federico que la hacia repasar pacientemente las lecciones hasta tarde o la ayudaba con  matemáticas, que para eso el si era muy bueno.
Llegó el tiempo de la universidad y Marina no muy segura de lo que quería estudiar comenzó algo básico hasta que un par de años después se decidió por  administración de empresas.
Si bien  tuvo un noviecito acá y otro allá, nada fue realmente serio, hasta que un día conoció a Santiago, en la clase de estadísticas comerciales. El era algunos años mayor que ella, lo cual lo hacia maduro y centrado.
Desde el principio hubo una química muy fuerte entre ambos y al cabo de un año de noviazgo se fueron a vivir juntos.
Federico, al principio no estaba muy de acuerdo con la decisión de Marina y éste muchacho,  pero como siempre,  ella lo convenció con su sonrisa compradora junto a palabras persuasivas  y el padre terminó cediendo y aceptando  a Santiago como yerno oficial.
Pasados unos  meses invirtió el dinero ahorrado por  años en un departamento para  la nueva pareja , sorprendiéndolos con las llaves una noche de cena familiar. 
Ella como cada vez que su papá le cumplía un antojo,  lo abrazó y lo llenó de besos. 
La idea de casarse la tomaron cuando  Marina quedó embarazada.
Inmensa fue la alegría que colmó a los abuelos ésta deliciosa noticia. En sus corazones no había lugar para más dicha posible.
El casamiento seria en un mes y había mucho para hacer y poco tiempo por delante.
Por más sencilla que fuera la ceremonia y la fiesta, Federico quería agasajar a su hija con lo mejor en este día tan especial.
La invitaciones estuvieron listas en una semana.
Una de las primeras invitadas fue la mamá de Santiago quien vivía en el extranjero, desde hacia varios años con una nueva pareja  y llegaría justo a tiempo para la boda, apenas horas antes de la ceremonia.
Santiago y Marina fueron la mañana del sábado a recogerla al aeropuerto, llevándola directamente a lo de los padres de la novia   Un almuerzo de bienvenida para así conocerse.
Santiago hacia  mucho tiempo  que no veía a su madre. El reencuentro en el aeropuerto fue muy emotivo.
Cuando Federico vio a su consuegra en el hall de su casa el corazón le dio un vuelco.
Más aún con la reacción de la señora, madre de Santiago, quien miró atónita a Federico y luego volteo a  ver  la mano de su hijo acariciando tiernamente el vientre redondito de su mujer. Todo se volvió negro en un segundo, desmayándose  ante el estupor de  los que allí estaban.
Menos Federico que comprendió...la cruel realidad.
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Ya casi llegaba diciembre y faltaban días para terminar la secundaria, el verano prometía ser increíble. 
Respiraba libertad, ante el inminente viaje al sur de mochilero con sus amigos.
Ensimismado en esos pensamientos estaba cuando sonó el teléfono. Era  Cata  quien le  pidió que se vieran en la heladería de la esquina de su casa.
El tomó las llaves y camino tres cuadras para esperarla sentado en el banco de la calle.
La noticia de que su novia estaba preñada lo dejó sin habla. Sus 18 años eran muy pocos para tanta responsabilidad.
Cata  leyó el desasosiego en los ojos de él, y por los de ella corrieron lagrimas de desamor. Ella lo amaba y allí mismo comprendió que el no.
Pasó una semana y  Federico tomó el tren al sur con sus amigos sin despedirse. 
Regreso los primeros días de Febrero, aquella  misma tarde fue a golpear la puerta de Cata, sin saber  bien que le diría, pero unos pintores le abrieron y dijeron que la familia que allí vivía se acaba de  mudar una semana atrás, sin saber a donde.
Federico preguntó por ella en la heladería, a la vecina, a las compañeras de quinto año, pero nadie supo   decirle donde estaba.
Hasta esa mañana que volvió a verla en el  hall de su casa.

sábado, 4 de octubre de 2014

La casa de los abuelos.

La casa de mis abuelos es un reino neutral que compartimos mis hermanos, mis primos y yo.
Una fortaleza de dos plantas con penates en las murallas exteriores, un garaje para el carruaje del abuelo, lleno de frascos misteriosos, herramientas y bártulos bien acomodados.
Hay muchas habitaciones, con libros, computadoras, muebles, cuadros y adornos antiquísimos. Estos cuartos guardan tesoros secretos que iremos descubriendo con el tiempo.
A la hora de jugar, dejamos de ser cada uno por que todo es para todos.
No se por que será , tal vez por que es mágica,  pero las horas en esa casa pasan volando  y  no me quiero ir por que allí lo paso muy bien. 
Al fondo, esta el patio con unos árboles inmensos. Antes había mas pajaritos, pero ahora desde que está el gatito hay menos.
El gato loco, agazapado, se esconde en las macetas y me asusta un poco, pero cuando está mi abuelo ya no me da miedo. Yo me agarro de sus piernas y me siento segura.
Con mi prima regamos las plantas con unas regadoras chiquitas que nos da la  abuela, también jugamos a las carreras de una punta a la otra del patio. 
Cuando los días están tibios, mi abuelo acomoda la mesa con las sillas y todos salimos a comer afuera.
En el verano  sacan la pileta olímpica de natación de lona y pasamos horas y horas jugando sin parar hasta que la boca se nos pone morada y la abuela nos hace salir y nos frota con la toalla para que se nos pase el frío.
 En un rincón de la cocina nos espera todo tipo de aventuras, entre princesas, bloques para armar, animalitos, masa, rompecabezas, muñequitos y tantas cosas más. Lo que no existe lo inventamos.
Son mis abuelos los que están siempre esperándome con su inagotable cariño y paciencia cuando mis papás no pueden estar por que trabajan, o tienen otras cosas para hacer.
Ellos me reciben con un abrazo de oso, me quitan la campera, me dan un montón de  besos, me preguntan como estoy y según la hora del día, me tienen los fideitos con salchichas preparados al mediodía o me invitan a tomar la leche con galletitas por la tarde.
Ellos me conocen muy bien. Siempre me consuelan cuando estoy triste. Mi abuela me acompaña al baño cuando me duele la panza, y después me da el queso que tanto me gusta.
A veces les pido cosas, que no siempre me las pueden dar, pero me explican por qué confortándome con  otra opción que me gusta más o haciéndome una promesa para más tarde que yo se  la  cumplirán, por que tienen palabra de honor.
Ellos me ayudan con los deberes, si no fuera por sus explicaciones, todo seria mas difícil en la escuela. Así puedo entender las cosas más rápido.
 Mi abuela teje  y cose muy bien, ella nos hace muchas cosas, como vestiditos, suéters, camperas y disfraces. Ojala cuando sea más grande me enseñe a tejer y cocer como solo ella lo sabe hacer.
Gracias abuelos por que la vida con ustedes es hermosa.
Aun no lo sé, pero es la ley de la vida, todos creceremos e iremos cambiando.
Descubriremos  que afuera de las murallas de los penates hay otro mundo, a veces inseguro a veces amargo, pero su amor nos acompañará y nos fortalecerá para poder afrontar la vida con más fuerza y seguridad y ser quien somos gracias a ustedes y a nuestros padres.
Tan solo pensar en ustedes nos dibujará siempre una sonrisa en la boca.


domingo, 18 de mayo de 2014

Compañía

Reconozco que  otro en mi lugar hubiera sentido miedo. Yo encontré una explicación lógica a cada uno de los acontecimientos.
Como cuando por el rabillo del ojo vislumbré en un rincón una figura humana y al regresar la vista  no había nada. -Me habrá parecido- pensé.
O cuando el perro se paró frente al sillón vacío moviendo la cola , mirando atentamente  y por largo rato el espacio que ocupaba su total atención. - Perro loco- le dije...
Otro día, mirando la TV sentía pequeños tironcitos de pelo. -Serán las hebillas que me aprietan la cabeza- me decía,  mientras las sacaba.
Justo a las 12 del medio día,  vi una clara frontal sombra humana proyectada en la pared del patio;  un gorrión distraído se posaba  en el hombro de la sombra. Parpadeé y el gorrión salió volando. Una curiosa ilusión óptica, no traía mis lentes.
El calor de la noche, me hizo pegarle una patada al cobertor, dejando mi pie a la intemperie.  Algo suave rozo mi pierna. -La cola del perro que  justo se paró a un lado de la cama, es lo que pasó por mi mente.
La olla de sopa que estaba hirviendo  en una hornalla y que al regresar del baño estaba sobre otra hornalla, apagada. - ¡ Qué distraída estoy !- dije en vos alta.
Regresando de trabajar, caminaba cuesta arriba rumbo a mi edificio y vi todas las luces de  mi departamento encendidas. Al llegar todo estaba apagado. -Seguro fue el departamento del vecino de abajo- afirmé con vehemencia.
Aquella noche, lave los platos, le di de comer al perro, cerré la puerta con cerrojo y me fui a dormir. Entre sueños sentí ruidos; al despertar la puerta del departamento estaba abierta de par en par. Seguramente con el cansancio cerré mal, y una corriente de viento la abrió.
Ésta mañana  preparé el café con leche, como había de más, sin pensarlo siquiera,  serví una segunda taza, que dejé  en la mesa de la cocina junto a mi anotador de la lista de compras  semanales.
Al regresar por la noche la taza estaba vacía, una nota escrita con letra temblorosa decía
-¡gracias!-
Otro en mi lugar hubiera sentido miedo. Yo encontré una explicación lógica a cada uno de los acontecimientos anteriores, menos a éste. ¿ Tendré que asustarme?


domingo, 6 de abril de 2014

La visita semanal

A  menudo pienso que nuestra relación fue  una  feliz coincidencia del destino...una tonta pérdida de agua que hizo que los plomeros cambiaran un caño por otro, una caja por otra caja, y por desidia o distracción de ellos quedé, en el lugar apropiado para nuestro casual encuentro.
Al  principio me dio lo mismo, debo reconocerlo;  que más daba estar un piso más arriba o un piso más abajo, pero después cuando llegaste y te dirigiste a mi, el alma se me entibió y me sentí acompañada y querida por primera vez.
Toda mi vida fue una inmensa soledad. ¡ Qué sola, Dios mío! . Cuando llegaste, tú voz y tú compañía  fueron la luz que nunca tuve, la razón para esperarte y ansiar tu presencia. Por primera vez sentí que era importante para  alguien. Tu visita semanal la esperaba contando los días las horas y los minutos hasta volver a estar contigo.
Siempre  te escuché con suma atención, al cabo eso era lo que necesitabas. ¡ Y tenías tanto para decir!
Debo reconocer que en un principio me sentí un poco culpable, tal vez usurpaba el lugar de la otra, pero tus palabras cariñosas, hicieron que tus recuerdos pasaran a ser mis propios recuerdos, contándome de viajes, de mañanas de sol, de días y noches de alegría, llorando de a ratos,  pero riendo en otros, agradecido a la vida por el amor vivido. Hablabas  en un tiempo pasado que para mi no era mejor ya que aquel presente era el único que para mi siempre contó. 
Y esos humildes jacintos,  violetas,  rosas y claveles, que en cada ocasión  me trajiste fueron los obsequios mas exquisitos que nunca en la vida recibí.
Éstos  30 años, tiempo más o menos que me frecuentaste,  han sido los más felices que  nunca ni soñé anteriormente poder experimentar . 
Hoy por primera vez en todos estos años, no llegaste a  nuestra cita semanal; yo se que estás  viejo y  enfermo. Tu fin se avecina.
Te ruego que cuando pases a éste lado y veas quien soy, a quien has visitado  todos éstos años en lugar de tú mujer, me puedas perdonar y no te desilusiones, no lo soportaría.
No  se  a donde se fue ella, creo que del nicho del pasillo 8 B, la han pasado  a la fosa común hace ya varios años, por que nadie pagó por el nicho  que me hubiera correspondido a mi, y que por equivocación los plomeros, empleados por el cementerio,  pusieron a ella  en aquel afortunado descuido.
Yo no se cuanto ella te amó en vida. Se que tú la amaste con locura, y he sido yo quien se adueñó de ese amor ajeno que lo quise saber propio desde el día que me viniste a visitar al nicho donde reposo.
Estas ahora agonizando en la cama del hospital, Yo frente a ti extiendo mi mano para recibirte e invitarte a pasar la eternidad a mi lado. ¿ Aceptas cariño? 

domingo, 16 de febrero de 2014

Las mil menos una noche


Las mil menos una noche.
El invierno había llegado en extremo frío a aquel rincón del palacio Topkapi.
Afuera,  Estambul era blanca e inerte.
Los chopos de nieve pegaban desordenados contra los vidrios de la ventana que daba al patio interno del harén. 
Adel, el eunuco, como todas las tardes desde Noviembre avivaba el fuego que ardía en la chimenea.  Cuando las llamas cobraban fuerza continuaba sirviendo el té al grupo de saqalibas  a su cargo.
Lina, pensativa, tumbada sobre un almohadón de plumas contemplaba el frío espectáculo al otro lado de la ventana,  sorbiendo lentamente el té, haciendo oído sordo a las risotadas de sus compañeras.
Bayda, la gata blanca, jugueteando con la manta, le destapó los pies y la sacó del ensimismamiento  en el que estaba embarcada.
-Bayda, Bayda que traviesa que eres. ¿Qué haré contigo mi gatita preciosa?
Lina  volvió su mirada melancólica sobre Adel, con aquella cara de niño, aunque ya no lo fuera desde hace mucho tiempo.
Siempre acompañándolas, y malcriándolas.  Tratando, en lo que fuera posible, cumplir  todos sus antojos hasta el punto de interceder ante la Sultana Valida para pedir algo especial para ellas. Frutas y golosinas, telas de seda, hilos de plata para bordar, inciensos y esencias.
Ahora él  ya no podría interceder más por ella, la hora ya casi estaba por cumplirse.
Adel y su rostro imberbe, su piel tersa y oscura, su voz fina y aflautada.
Era su mirada lo que más la embelezaba. Aquella mirada inocente, que aún viéndolas desnudas o masajeándolas con ungüentos perfumados no reflejaban ni sombra de                         li vinosidad, dada  su condición de eunuco.
Nunca olvidaría la tarde que Adel, cubierto en llanto, le contó su vida.  
Aquel traumático recuerdo de cuando camino al mercado fue castrado por un egipcio cristiano, convirtiéndolo en un sandali o eunuco completo.
Desde aquel día, a sus cortos once años, su destino fue custodiar el harén.
La vida de Lina, tenía muchas semejanzas con la de Adel; si bien nunca sufrió de la vejación o la tortura física a las que él fue expuesto, ella también fue esclava desde  pequeña.
Recién llegada de los Balcanes fue vendida por su propio padre al palacio. Jamás se le  olvidaría la mirada intrigante de la Sultana Valida, examinándola con estricta rigurosidad  entre un grupo de varias niñas  para tener el privilegio de ser aceptada en el harén.
Sus ojos verdes, su cabello rubio y piel clara,  la pusieron en una posición ventajosa desde  el primer momento  para ser una saqaliba o mujer preferida.
Desde entonces, por casi cuatro años había vivido en Topkapi, separada de su madre (que no quería venderla) y sus hermanos menores a los que recordaba con cariño y tristeza, por que a pesar de su vida pobre y austera, ningún palacio podía ser comparado con el amor de su familia.
Desde que fue admitida, jamás salio de las cuatro paredes del harén.
Solamente  Adel  fue cariñoso y afectuoso con ella. Él era el único en quien ella confiaba. Le había enseñado a sentir la música con el corazón y  recitar dulces poemas de amor, mientras observaban el cielo las noches de verano.
Con Adel se sentía segura en aquel mundo competitivo y hostil.
Por lo contrario, odiaba las clases con la vieja concubina Sahiba impuesta por la Sultana Valida. Siempre hablaba de lo mismo, "como complacer a su señor el Sultán".
¡Por Alá!, esa no era su meta en la vida, ¡y menos tener hijos de aquel gordo tirano!
Tan solo imaginarlo le causaba repulsión.
Éste era el motivo de la desazón de Lina. El momento de ser presentada al Sultán se acercaba.; impostergable, nadie la salvaría de ese día que tarde o temprano llegaría.
Por más que Adel la mimase y secara sus lágrimas con pañuelos de fina seda bordados en oro, él no podría interceder por ella en aquella situación.
Quedarse a solas con el Sultán seria su "graduación". Allí debería dar gala a todas las artes amatorias aprendidas en aquellos años. Su oportunidad de agradar al Sultán y tal vez llegar a ser un día una Kadin o "esposa preferida" o al menos estar entre las primeras cuatro.
¡O por gracia de Alá!, dar a luz el hijo que fuera el siguiente Sultán.
Lo único que le agradaba de ésta fantástica idea era convertirse en la Sultana Valida, y abrir las puertas de aquella cárcel llamada harén dejando salir a todas las niñas que allí vivían contra su voluntad.
Llegó el fatídico día; Lina fue preparada para ser presentada al Sultán.
Desde temprano la llevaron al Hamman, la untaron con finas esencias, la depilaron, pintaron, y vistieron elegantemente para aquella importante ocasión.
Estaba bellísima, sus ojos verdes realzados de negro.  Su cabello rubio, largo y sedoso. Su juventud y dulce frescura. Aquella inocencia de ángel asustado.
Lina se despidió de Adel antes de marchar a la recamara del Sultán. No hubo palabras, no hacia falta,  solo un abrazo. Lina seco con el dedo una lágrima que caía por la mejilla de Adel quien se quedó acurrucado en un rincón al costado del bracero.
Eran las 7 de la noche y Lina marchaba por los fríos pasillos del palacio como quien camina rumbo al cadalso. A lo lejos se escuchaban los ruidos de las diferentes salas. Las risas de los niños de las concubinas jugando en su pabellón, los platos que juntaban  en el comedor, voces y ecos lejanos.
Todo era silencio en la recamara del Sultán.
La puerta se cerró tras ella, dejándola a solas y sin saber que hacer.
Estaba en penumbras, solamente la chispeante luz de la chimenea que emanaba un calor agradable. Se acercó al fuego frotándose las manos. No dejaba de temblar de frío y de miedo.
De pronto se sintió observada. Por atrás de ella se acercaba el Sultán, como un tigre agazapado presto a saltar sobre su presa.
No dijo nada, solamente la tomó por la muñeca con firmeza. Llevándola a un rincón del dormitorio donde los delicados almohadones se distribuían elegantemente sobre la mullida alfombra frente a la ventana desde donde se veían  tenues luces sobre el mar.                   - Barcos - pensó Lina y soñó con escapar.
Allí la tumbo y la comenzó a desvestir lentamente.
Lina no dejaba de temblar, no podía recordar las instrucciones que Sahiba le había dado.
La  vergüenza la bloqueaba, pero si se resistía sería peor, como le advirtió su maestra.
Aquella amenaza la inmovilizaba y le retumbaba en la cabeza como un látigo.
 -Esta noche serás mía pequeña, tendrás el privilegio de que, yo, tu Sultán y Señor te  desvirgue.  Piensa en cuantas niñas de éste gran imperio otomano darían su vida por estar aquí en tu lugar para pasar una noche conmigo.  Le dijo sensualmente al oído.
Sus  pequeños senos quedaron expuestos.  Él la acariciaba mientras admiraba su belleza; luego  lenta y golosamente pasó su lengua por el cuello y sus pechos.
La repugnancia la invadió. Inmóvil, se evadió mirando por la ventana al mar, iluminado por la luna llena. Se imaginaba  sobre un barco, de mañana, con el viento golpeando sus mejillas, como aquella vez cuando era niña, tiempo antes de llegar al harén.
Así, ella enajenada, él  jadeante y sudoroso, la penetró.  El fuego de la chimenea se nubló por el llanto mudo de aquel segundo, y sus mejillas húmedas mojaron la tela del almohadón donde apoyaba la cabeza.
Por fin el Sultán, se movió a un costado quedando boca arriba a su lado.
-Para ser la primera vez ha sido bastante bueno.  Exclamó el hombre.
-Tú me gustas pequeña, tienes buen futuro como ikbal (favorita). Eres tersa y dócil, bella y suave como pocas.
-Tu misión es complacerme, para eso estás aquí y lo sabes. 
Ahora vístete y vete que tengo sueño y quiero dormir.
Le diré a Sahiba que mañana por la noche te vuelva a traer.
Lina llegó al cuarto donde las otras saqalibas dormían.
Nadie la escuchó llegar, solamente Adel, quien salió de la sombra para recibirla.
La tomó suavemente de la mano y la condujo a la habitación contigua.
El le secó las lágrimas con besos y la abrazó frotándole la espalda.
-Quiere que regrese mañana. Dijo ella en un susurro ahogado.
- Por favor, no quiero regresar.
- No vas a regresar, amor. Juntos nos escaparemos. ¿Cuándo te he fallado mi dulce Lina? Al siguiente día el Sultán ordenó a Sahiba que le preparase a la pequeña de ojos claros y cabello rubio que había iniciado la noche anterior.
Pasaron horas buscándola; también a Adel.
Por fin se les ocurrió buscar en el cuartito pequeño al costado del dormitorio.
En el piso, envueltos en un charco de sangre los encontraron abrazados.
Con una daga de plata Adel mató a Lina y luego se mató él.
Adel y Lina son libres. Hay quien cuenta que  flotan en una barca invisible sobre el mar de Marmára con el viento golpeando sus mejillas. El tan negro y ella tan blanca.


 




domingo, 25 de agosto de 2013

El gato gris

Nunca me he podido quejar de mi salud. Dentro de los normales resfrios del invierno o el empacho sufrido luego de un atracón de chocolates cuando mi novio me dejó, mi salud ha sido lo que se le puede decir normal.


Todo comenzó aquel otoño cuando falleció la tía de mi compañera de trabajo.

Según Josefina, la tía, siempre tuvo una salud de hierro, pero de un día para otro, la pobre enfermó y murió en el termino de 15 días. Claro que cuando se tiene 80 años, ya se ha vivido mucho y un mal viento o un resbalón inesperado puede llevarte al otro lado sin mayores preámbulos.

Josefina, estaba preocupada por el gatito de la tía, que por lo visto nadie de su familia podía darle nuevo hogar.

Anduvo un par de días en el trabajo preguntando a unos y a otros si querían al gatito, sin nadie decidirse.

Finalmente tomé la valentía de tomar aquella responsabilidad y llevármelo a casa.

Cuando lo vi me enamoré. Era una cosita hermosa. Vivaracho y comprador, color gris plomo, por eso lo bauticé así, Plomo.

Cariñoso y compañero, de aquellos que quieren estar a tu lado día y noche, con aquel ronroneo de motor cada vez que lo acaricias.

Cuando llegó al departamento, era como si hubiera vivido allí toda la vida. Casi de inmediato se puso a jugar con un ovillo de lana que estaba en el suelo, cuando se cansó, se acostó en el sofá y se quedó dormido a mi lado mientras miraba la tele. Más tarde le di de comer, y no hace falta decirles que se acostó a los pies de la cama sin más ni más.

Todo estaba muy bien, hasta que pasada la primer semana de Plomo en casa comencé a advertir cosas extrañas.

Noté que las plantas del departamento y del balcón comenzaron a marchitarse y secarse con una velocidad asombrosa, quedando solo ramas y hojas crujientes en absolutamente todas las macetas donde antes tenía prósperos potos, geranios y hasta claveles en flor.

Una tarde, en el patio del fondo vi a Plomo acorralar una rata en un rincón.

La rata muy lejos de correr, se quedó estática mirando al gato; al cavo de unos segundos cayó redondita como si le hubiera dado un paro cardiaco.

Plomo salio caminando muy campante como si nada hubiera pasado.

Repentinamente, mi salud empezó a amedrentarse. Me sentía agotada, cansada sin energías de nada.

Los fines de semana mis amigas me llamaban para salir a comer o para ir al cine, y yo apenas podía levantarme. Pasaba durmiendo todo el día.

Pedí unos días en el trabajo, y aproveché para pedir cita con el doctor, pensando que tendría anemia o algún problema de tiroides que me causara tan extremo cansancio, pero nada! todo estaba normal.

Una noche algo me despertó, la inequívoca sensación de que alguien me estaba observando.

Allí encontré a Plomo a mi lado mirándome con unos intensos ojos rojos, como si me quisiera robar el alma. Saque energías de no se donde y atiné instintivamente a tomar el crucifijo que me regaló mi abuela y que siempre tengo en la mesita de luz.

Fue ver aquel crucifijo, y el gato salió corriendo como alma que lleva el diablo, maullando de manera aterradora rumbo a la ventana que estaba abierta, dando un salto. Inmediatamente corrí tras él para ver que rumbo había tomado, ya que vivo en un quinto piso, pensando verlo correr por la calle, pero nada, ni rastros del gato.

Al otro día amanecí como nueva. Fui a trabajar con renovadas energías. Desde entonces volví a ser la de siempre.

Esta mañana me crucé con Sarita, mi vecina de la vuelta, la vi muy desmejorada y le pedí acompañarla hasta su casa.

Llegando a su casa con horror observé que desde la ventana de la cocina un gato gris nos observaba atentamente.