domingo, 25 de agosto de 2013

El gato gris

Nunca me he podido quejar de mi salud. Dentro de los normales resfrios del invierno o el empacho sufrido luego de un atracón de chocolates cuando mi novio me dejó, mi salud ha sido lo que se le puede decir normal.


Todo comenzó aquel otoño cuando falleció la tía de mi compañera de trabajo.

Según Josefina, la tía, siempre tuvo una salud de hierro, pero de un día para otro, la pobre enfermó y murió en el termino de 15 días. Claro que cuando se tiene 80 años, ya se ha vivido mucho y un mal viento o un resbalón inesperado puede llevarte al otro lado sin mayores preámbulos.

Josefina, estaba preocupada por el gatito de la tía, que por lo visto nadie de su familia podía darle nuevo hogar.

Anduvo un par de días en el trabajo preguntando a unos y a otros si querían al gatito, sin nadie decidirse.

Finalmente tomé la valentía de tomar aquella responsabilidad y llevármelo a casa.

Cuando lo vi me enamoré. Era una cosita hermosa. Vivaracho y comprador, color gris plomo, por eso lo bauticé así, Plomo.

Cariñoso y compañero, de aquellos que quieren estar a tu lado día y noche, con aquel ronroneo de motor cada vez que lo acaricias.

Cuando llegó al departamento, era como si hubiera vivido allí toda la vida. Casi de inmediato se puso a jugar con un ovillo de lana que estaba en el suelo, cuando se cansó, se acostó en el sofá y se quedó dormido a mi lado mientras miraba la tele. Más tarde le di de comer, y no hace falta decirles que se acostó a los pies de la cama sin más ni más.

Todo estaba muy bien, hasta que pasada la primer semana de Plomo en casa comencé a advertir cosas extrañas.

Noté que las plantas del departamento y del balcón comenzaron a marchitarse y secarse con una velocidad asombrosa, quedando solo ramas y hojas crujientes en absolutamente todas las macetas donde antes tenía prósperos potos, geranios y hasta claveles en flor.

Una tarde, en el patio del fondo vi a Plomo acorralar una rata en un rincón.

La rata muy lejos de correr, se quedó estática mirando al gato; al cavo de unos segundos cayó redondita como si le hubiera dado un paro cardiaco.

Plomo salio caminando muy campante como si nada hubiera pasado.

Repentinamente, mi salud empezó a amedrentarse. Me sentía agotada, cansada sin energías de nada.

Los fines de semana mis amigas me llamaban para salir a comer o para ir al cine, y yo apenas podía levantarme. Pasaba durmiendo todo el día.

Pedí unos días en el trabajo, y aproveché para pedir cita con el doctor, pensando que tendría anemia o algún problema de tiroides que me causara tan extremo cansancio, pero nada! todo estaba normal.

Una noche algo me despertó, la inequívoca sensación de que alguien me estaba observando.

Allí encontré a Plomo a mi lado mirándome con unos intensos ojos rojos, como si me quisiera robar el alma. Saque energías de no se donde y atiné instintivamente a tomar el crucifijo que me regaló mi abuela y que siempre tengo en la mesita de luz.

Fue ver aquel crucifijo, y el gato salió corriendo como alma que lleva el diablo, maullando de manera aterradora rumbo a la ventana que estaba abierta, dando un salto. Inmediatamente corrí tras él para ver que rumbo había tomado, ya que vivo en un quinto piso, pensando verlo correr por la calle, pero nada, ni rastros del gato.

Al otro día amanecí como nueva. Fui a trabajar con renovadas energías. Desde entonces volví a ser la de siempre.

Esta mañana me crucé con Sarita, mi vecina de la vuelta, la vi muy desmejorada y le pedí acompañarla hasta su casa.

Llegando a su casa con horror observé que desde la ventana de la cocina un gato gris nos observaba atentamente.









sábado, 10 de agosto de 2013

EL TE DEL VERANO

Es sábado de verano, y como es costumbre en la casa de Martina a esa hora de la tarde el té está casi listo en la mesa, esperando a que lleguen sus amigas.


Ester ha preparado bocaditos de roquefort nuez y pepino, otros de jamón y pimiento, tostadas, manteca y jalea; sin faltar las masas que desde temprano fue a buscar a la confitería del barrio.

Martina mira una vez más la mesa para asegurarse de que todo esté como a ella le gusta.

Por la mañana Ester planchó el mantel de lino sobre donde ahora están las tazas de porcelana blanca, en la bandeja, junto a la tetera, la azucarera y la lecherita , los platos con los bocaditos graciosamente arreglados, un delicado y simple centro floral que la misma Martina se encargó de arreglar con flores del jardín. Solo falta que lleguen sus amigas.

Martina aprieta el botón de la casettera y en la sala Crosby Still and Nash, canta

" Marrakesh Express" mientras bailotea divertida alrededor de la mesa.

La temperatura es perfecta a esa hora de la tarde, las cortinas de voille se mueven suavemente con la brisa agradable de aquella tarde estival.

Martina mira por las puertas de vidrio que dan al jardín de rosas, los pinos y al fondo la pileta que aun resplandece con el ultimo sol de la tarde. Aquel panorama la hace sentirse feliz.

Ester, por favor cierra las cortinas del recibidor, no quiero que esa vieja vecina, esté mirando por la ventana a la hora que lleguen las muchachas. No se qué le pasa a esa pobre señora, cada vez que paso por allí y la cortina esta abierta, se me queda mirando con cara de sorpresa, prefiero tener la cortina siempre cerrada para no verla espiando. Me da pena aquella pobre anciana.

Al rato llegan las amigas como en bandada, hablando sin parar, entendiéndose aunque hablen todas juntas de cosas diferentes.

¿ Y los chicos Martina?

Ya sabes como son los chicos. Vero y Julián han estado casi todo el día en la pileta hasta hace un ratito, antes de preparar el té que los mandé a cambiarse al cuarto. Si hasta tenían los labios morados de frío. Ahora deben estar mirando la tele.

¿Y las vacaciones? ¿A donde irán este año ?

Tenemos planeado ir a la sierra, a la casa que rentamos con mi prima Matty, allí lo pasamos tan bien, los chicos disfrutan tanto de sus primos, el río y las cabalgatas a caballo.

¡ Manuel ! amor, que bueno que saliste temprano del negocio.

Sentate aquí a mi lado que te sirvo una tacita de té.

Ester, Ester, una tacita de té para el señor que recién llega de trabajar.

¿ Cómo ha estado todo hoy ?

Muy bien Martina, ya sabes, los sábados es el día que más clientes tenemos y que más ventas hay.

Y ustedes muchachas, ¿ cómo han estado? A ver que domingo nos reunimos con sus maridos y los chicos acá en casa para comernos un buen asadito.

¡ Si! antes que termine el verano contestan a coro las amigas entusiasmadas.

Así entre charla y charla, risa y risa se va apagando la amena tarde. Y así como llegaron las amigas, más tarde se van.



Suena el teléfono.

Ester atiende.

Hola, ¿Vero? ¿cómo estás?

Bien, bien, y mamá ¿qué hace?

Pues ya sabes, como siempre. Ahora la deje dormidita en su cama.

Contame, ¿Qué hizo hoy?

Y vos sabes... hoy por que es sábado, serví el té en el comedor . Tres tazas más la de ella, cuatro.

Toda la tarde hablando, comiendo y riendo solita, si hasta me hizo servir otra taza para tu papá, Manuel.

¡Qué cosa Ester ! te imaginas si ya hace quince años que él murió y vendimos la casa grande de nuestra infancia.

Y tu hermano Julián, ¿no iba a venir a visitarnos prontito?

Mira no se con eso de la beca, hasta enero no regresa de Europa.

Y el espejo del pasillo de entrada, lo seguís tapando con una sábana?

¡Claro, Vero! ese espejo como todos los de la casa, si cada vez que se ve reflejada protesta por que una vecina anciana la espía.